17 septiembre 2009

Consecuencias progres

Consecuencias progres, o qué os creíais capullos. Resulta que el índice de fracaso escolar en España es la leche, que la juventud se escurre por el sumidero del paro y que sus valores se concretan en asaltar comisarías. ¿Pues qué coño esperabais, mamones? Si llevamos 30 años cogiéndonosla con papel de fumar; si el profesor en la escuela ya no es Don Severino sino el colega Seve; si los guardias son unos represores a los que debemos faltar al respeto y si nuestros valores son el puto Gran Hermano y el Sardá... Pues qué esperáis.


Los poderes mediáticos de la progresía se ha encargado de que, durante los últimos treinta años en este país, se proclamara el odio contra cualquier opinión, idea, formación, filosofía, forma, variante o como usted quiera llamar de aquello que sonara a norma, obligación, respeto y/u obediencia y, además, ha catalogado a los sectores de la población que se atrevieran a contradecir el dogma progre, simple y llanamente de...FACHAS. Veníamos de la represión franquista y todo era poco por la libertad, así que nos pasamos tres pueblos en su nombre y punto, o sino, ya sabes, ¿Acaso eres un facha como los de antes...?


Hasta tal punto que, bajo mandato zETApé, se ha procedido al cambio del Código Civil español, eliminando de su articulado el cachete, temporal y moderado, como una medida de educación de los padres a sus hijos. Y es que todos sabemos lo traumatizados que estamos las generaciones que nos criamos sin móviles, ni feisbuks, ni grandeshermanos cuando nuestros padres y madres nos arreaban un guantazo o zapatillazo en lo alto después de haber metido al gato en el water y tirado de la cadena; o haberle contestado a un abuelo a grito pelao; o después de una interminable charla con nuestro maestro, Don Federico.



Lo progre es lo fácil; lo guay; lo dabuti; lo chachi. Así que ahora no sé de qué cojones se espanta la gente cuando después de que en un botellón del copón -nunca mejor dicho- se enzarzan 200 tíos y tías, y tíes, en una bronca de la hostia -nunca mejor dicho- y acaban pegándole fuego a dos coches de policía, robando una pistola a un agente al que han dejado inconsciente de un botellazo e intentando asaltar una comisaría.


Tenían que haberle echado más huevos, hombre, y haber intentado pegarle fuego a ver si así se hubiera acabado a tiros. Aunque casi peor, porque viendo la super sanción que han impuesto a los pobres menores que realizaron tal barbaridad, mejor no, que seguro que encima se las cargará algún policía. Resulta que la juez encargada del caso de lo de Pozuelo ha impuesto una sanción a los menores imputados que consiste en no poder salir de marcha durante tres meses, sin acudir a ferias ni similares y debiendo estar en su casita a las diez de la noche.


Tócate los cojones, nene. Lo más acojonante es que sus papás consideran tal medida desproporcionada y la han recurrido. Como vemos tenemos una sanción superprogre y unos padres super-super-superprogres. Así que no sé de qué coño se sorprende el personal, en especial algunas voces de la progresía que se suponen son estandarte y faro de la luz salvadora de la izquierda. Cuando he oído al hermano del ministro Gabilondo preguntándose qué había fallado para llegar a una situación así y reflexionando sobre el principio de autoridad, no he podido mas que, primero descojonarme y, segundo gritar: "Pues tú, capullo. Tú y la gente como tú que os creíais en posesión de la verdad absoluta, la de la izquierda. Pues toma, toma progresía. Toma colegeo y talante. Toma comprensión, diálogo y psicología progre".


Pero tranquilos, tampoco será culpa de ellos. Todos sabemos que es culpa de Aznar. Y de Bush. Y de Franco. Y del Madrí centralista de Di Stefano.

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